Soy Gabriela Fernández. No, no soy una persona normal si por normalidad definimos hacer lo que se espera de uno. Esperar es una expectativa y las expectativas son el mejor camino para amargarse la vida. Foodie, hedonista, comentócrata y amante de la disrupción, soy una curiosa eterna multipolar que ama aprender todos los días.
Comparto mis ideas, mi sentir y mis experiencias sobre lo que he vivido, lo que me gusta, me hace reflexionar o me hace reír y mi sentido del humor puede despistar a quien no me conoce. Voy a bromear con todo lo que me sucede y luego escribiré para compartir la anécdota y el aprendizaje mientras sigo experimentando y disfrutando la vida.
Esta soy yo. Esta es la historia que se escribió con mis experiencias. Y falta aún. La vida está hecha para vivirse, así que, con seguridad, volverás a escuchar de mi persona más allá de estas líneas. Por lo pronto, gracias por estar aquí y compartir tu tiempo conmigo.
Estas letras son un agradecimiento a la vida, un viaje de deliciosas experiencias y amargos desencuentros, de amores y desamores relatados con mi muy particular sentido del humor. Cuestionando cada creencia que me fue inculcada, descubrí que la vida está hecha para vivirse en plenitud y sin temor a la opinión de los demás. Aquí, comparto contigo mi camino de transformación para llegar a ser la mujer que soy.
Este no es un relato para impresionar sino para recordarte que todo pasa. Que eres más valiente y más grande de lo que crees. Que la vida te revolcará antes de dejarte en aguas calmas para gozar cada pequeño instante y que la edad es sólo un número. Que eres como un lienzo en blanco que puede reinventarse una y otra vez, reconstruyendo su sistema de creencias tantas veces como sea necesario hasta que llegues a abrazarte en tu totalidad con profundo amor.
Es un homenaje a la testarudez, a la rebeldía con causa, al gozo de habitar tu presencia, compartiendo momentos de ligera reflexión, aunque nos hayan enseñado que la reflexión debe ser seria y parsimoniosa, como la adultez. Yo estoy cierta que no es así. Nos hacemos la vida seria y parsimoniosa porque se nos olvida jugar.